Un poco de historia Desde el año 1980 hasta el día de hoy, la comunidad de monjes y monjas de la Fraternidad Monástica de la Paz -siguiendo la llamada del Señor, al tiempo que respondiendo a las palabras del Papa Juan Pablo II- ha ido desarrollando este arte sagrado como expresión de su propio camino espiritual y como medio de comunicación entre Oriente y Occidente, a la par que como medio de, como dijera en una ocasión Juan Pablo II, enriquecer a Occidente con los tesoros que permanecen en Oriente. El arte sagrado de los iconos Desde el nacimiento de los iconos en la historia de la Iglesia, nunca éstos han sido considerados como una mera obra artística. Antes bien, los primeros iconógrafos, trataban de plasmar con colores y pinturas lo que los Evangelios expresaban con palabras (Concilio de Nicea II). Más aún, los iconos y, en general, la cultura bizantina, es una mezcla de cultura, arte, historia, fe... que se hace vida en el corazón de los habitantes del Imperio.
Oriente y Occidente: Iconógrafos y artistas Mientras Occidente va a expresar esa fe vivida mediante la experiencia personal del artista, Oriente va a atenerse a unos cánones establecidos por la Iglesia. El primero va a expresar su propia experiencia y los propios sentimientos que experimenta su fe, pintando con total y absoluta espontaneidad cualquier motivo religioso que le es sugerido, solicitado o que, simplemente, atiende a expresar lo que él siente o experimenta. Así lo observamos, por citar algunos artistas españoles, en el Greco, Velázquez, etc. Mientras tanto, en Oriente, los iconógrafos, siguiendo al Maestro Dyonisios y, en general, a las determinaciones de la Iglesia, buscan reproducir los mismos pasajes de los Evangelios, omitiendo cualquier experiencia o sentimiento personal vivido, tratando, simplemente, desde una profunda vida de oración, expresar el contenido de los Evangelios. |